sábado, 19 de diciembre de 2020

Gabriel "Lito" Folgueras, un inventor luquense.

Posiblemente, algunos luquenses que tuvieron la oportunidad de compartir los festejos del nuestro centenario, en 1988, recuerden entre otras muchas cosas, la réplica en miniatura de un tractor a vapor, que funcionaba perfectamente, como lo hacían los tractores a vapor utilizados en las viejas trilladoras. Ese magnífico trabajo fue uno de los tantos logros de un destacado inventor Luquense, Don Gabriel “Lito” Folgueras. Fue un autodidacta, que dedicó muchas horas de su vida en realizar trabajos e invenciones artesanales, con una perfección increíble, dado a que la construcción se llevaba a cabo sin las herramientas profesionales, que hubieran hecho más fácil sus trabajos.

Fue autor del desarrollo de un sub fusil, arma destinada para el uso de soldados paracaidistas. Se trataba de un desarrollo pensado en hacer un arma portable y más liviana que las que se utilizaban por entonces.

Por medio de una nota periodística, de autoría de Paul Anthuil, sobre el joven Gabriel Folgueras, se interesa el Mayor Agustín Vázquez Acebal, jefe del Distrito Militar N° 31 de Rosario del Tala, quien junto con el Sr. Luis Cesare Romano, jefe del Regimiento Civil, visitan el domicilio de Gabriel para poder observar algunos de sus trabajos, claramente interesados en el sub fusil de paracaidistas. Además de probar el arma, pudieron observar el mini motor a vapor en funcionamiento y de un lanzallamas destinado a la lucha contra la langosta. El Mayor Acebal, gratamente sorprendido por los logros del joven Folgueras, lo felicitó además de ofrecerle sus gestiones para que pudiera ingresar a la Escuela de Mecánicos de la Nación, dónde podría cursar lo que gustara. Lamentablemente, no tuvo el apoyo de su madre para seguir sus estudios.  Los planos del sub fusil fueron entregados a Fabricaciones Militares, dónde fue desarrollado con máquinas de precisión, aunque no fue producido en serie.

Entre otros trabajos, se dedicó a adaptarle motores a explosión a máquinas agrícolas tiradas por caballos, logrando excelentes resultados y rendimientos.

Su capacidad intelectual se ha transmitido, quizás genéticamente, a varios integrantes de la familia Folgueras, quienes se destacan, siendo autodidactas, en sus labores técnicas, mecánicas, electricistas y electrónica.

 

viernes, 4 de septiembre de 2020

Historia trágica en el Parque

El Parque Infantil Sarmiento, fue siempre el escenario de los primeros juegos de innumerables generaciones de luquenses. Tuvo una etapa, donde un alambre de tejido lo protegía de la invasión de animales sueltos que vagaban por las calles pueblerinas. Hermosos caminos interiores estaban demarcados por unas cuidadas ligustrinas, de las que hoy todavía se conservan algunas. Tenía bancos de madera y cuidados jardines que embellecían el lugar. Los fines de semana las rondas infantiles le ponían su nota de color. Los gurises disfrutaban de sus juegos de hamacas, toboganes y el juego de argollas voladoras, donde desarrollaban sus temerarias piruetas. Nadie había podido imaginar que esos juegos tan maravillosos, pudiera ocurrir algún hecho peligroso para los niños. Pero lo impensado ocurrió aquel trágico 12 de noviembre de 1932, cuando la imprudencia infantil, tan propia de la edad, se cobró la vida de la pequeña Delia Carolina Guillerón, hija del vecino Alejandro Guillerón. Esta triste historia es contada por las páginas del periódico “La Cotorrita” del 13 de noviembre, dónde se lee:” El sábado ascendió al cielo, un ángel que en vida se llamara Delia Carolina Guilleren, niñita que constituyera la alegría del hogar del estimado amigo Alejandro Guilleren. Delia Carolina fue arrebatada del hogar, dónde perfumaba el recinto, con sus dulces cariños, por un accidente fatal, imprudencia de chica de su edad, al tirarse de uno de los juegos del Parque Infantil. “La Cotorrita”, deshoja sobre su tumba el ramo de siempreviva, y envía a sus desconsolados padres su pésame y resignación cristiana”.

De este hecho que conmovió a la población de aquellos años, han pasado ochenta y ocho años, por lo que quizás ya no queden testigo de aquella tarde trágica. Sin embargo, forma también parte de nuestra historia.

Acto en el Parque Infantil Sarmiento
Fotografía de época.


sábado, 15 de agosto de 2020

Organizaciones de gobierno de Lucas González

 Al pago viejo, aquel que por casi un siglo se lo conocía como Puntas del Obispo, el progreso de las vías le cambiaría el nombre. La suerte había querido que las paralelas de acero, las que venían desde Paraná y desde Concepción del Uruguay, se encontraran en el Km 153, en los campos de Corfield. El 1 de junio de 1887 se realizó la unión de las vías. Este hecho hizo que a la estación más cercana había que buscarle un nombre. El administrador de la empresa ferroviaria, el mendocino Lucas González, solicitó al gobernador Basavibaso, que esta estación llevara su nombre. El agrimensor Pablo Ávila realizó los planos de la futura Villa, los que fueron aprobados el 20 de abril de 1888, esta fecha es la que se toma para la fundación del pueblo.

Un inusitado crecimiento proveyó a la Villa de Escuela del Estado, Comisaría, Juzgado de Paz, Estafeta Postal, de organización mutual de seguros y créditos, de numerosos comercios de toda índole, de organizaciones de beneficencia, de diarios, de molinos harineros, en definitiva, se contaba con una dinámica economía que empujaba el progreso. Faltaba organizarse institucionalmente como Junta de Gobierno, que pudiera organizar y dirigir ese crecimiento. Hacia fines de 1915, hubo un intento desde el gobierno provincial, al designar a una Comisión integrada por los señores Monserrat, Gallasi y Guillani, vecinos del lugar, para la confección de un padrón de los habitantes que existían en el momento. Desde el periódico “Vida Nueva”, el 5 de setiembre de 1915, se apura una definición sobre el tema, ya que según dice “es tiempo que la comisión organizadora de estos trabajos…acuerden sin más trámite, el día de la elección plebiscitaria, comunicándolo al Superior Gobierno para que extienda el Decreto respectivo…para la creación de la Junta de Gobierno…”. Como no se habían producido avances, se designó en octubre de 1917 a una comisión de vecinos, para que volviera a intentar el empadronamiento de los habitantes, designando a Kiva Jaroslavsky, Maximino Enrique, Antonio Arín, Antonio Blanco, Arturo Guaita y José Zapian, para hacerlo. En esta oportunidad se llegó a cumplir con esa carga pública, y para el 17 de noviembre de 1917, el gobierno provincial, a cargo del Dr. Miguel Laurencena, por medio del Decreto-Ley designo el vecino Enrique Giqueaux para presidir la primera y provisoria, Junta de Gobierno de la Villa Lucas González.

Don Enrique Giqueaux tuvo un corto mandato, ya que presentó su renuncia el 14 de enero de 1918. Aceptada que le fue, los integrantes de la Junta de Gobierno, designaron como su sucesor al Sr. Kiva Jaroslavsky, quien manejo con sapiencia los inicios de la organización institucional Luquense.

La primera sede de la Junta de Gobierno estuvo ubicada en lo que hoy es calle Roque Sáenz Peña, en la casa de Enrique Hildebrandt, que posteriormente se conoció como el estudio del Escribano Carmelo Affranchino. No fueron pocos los problemas que tuvieron que resolver, debido a que se organizó una fuerte resistencia en los vecinos que no aceptaban pagar ningún tipo de tasas ni tributos y consideraban que la Junta de Gobierno conspiraba contra sus intereses. Organizaron marchas callejeras a las que los integrantes de la Junta de Gobierno, resistieron a pie firme, desde su sede de gobierno. No faltaron armas cortas y largas en los dos bandos contendientes, pero por fortuna, las cosas no pasaron a mayores, y poco a poco las agitadas aguas se fueron calmando en favor del orden público. Cabe destacar que las principales reacciones provenían de las familias mejor posicionadas en la joven sociedad Luquense.

La sede de la Junta de Gobierno fue trasladada posteriormente al local que se ubicaba frente a la Seccional Policial, para luego pasar a ocupar el local en el que actualmente funciona la municipalidad.  

En el año 1935 la Villa Lucas González fue ascendida a Municipalidad de 2° Categoría, durante el gobierno provincial del Dr. Luis Etchevehere.

Posteriormente y por gestiones del Intendente José Carlos María Guaita ante el gobernador Brigadier Ricardo Favre, la Villa Lucas González es ascendida a Ciudad y desde entonces pasó a ser Municipalidad de 1° Categoría.   

Con la recuperación de la democracia en 1983, el gobierno municipal quedó a cargo de un Presidente Municipal y de un Poder Legislativo compuesto por diez concejales, cuyos cargos se cubren por el sistema D´Hondt, de acuerdo a los votos recibidos. Para tener diez concejales, según la Constitución de Entre Ríos, el pueblo debe contar con 7000 habitantes. En el año 2010, en el Censo Nacional realizado, no se alcanzaba con esa suma, algo sumamente raro, por lo que el Concejo Deliberante, pasó a contar con siete Concejales y un Presidente. En el año corriente, 2022 se debe realizar un nuevo Censo Nacional, por lo que esperemos que se cuente bien a nuestra gente.

Lucas González en 1988 en sus 100 Aniversario


martes, 11 de agosto de 2020

Sociedad de Agricultores “La Mutual”

Cuando todavía la Villa Lucas González no se había organizado institucionalmente, sus habitantes marcaban a través de su pujanza, que le esperaba un destino de firme crecimiento. Fue así, que los vecinos Anatolio Herenú, Enrique Giqueaux y Juan Galizzi, decidieron asociarse y fundar una organización a la que llamaron “La Mutual”. Fue el 6 de agosto de 1905 la fecha en que se realizó la reunión constitutiva, en uno de los galpones del ferrocarril. Allí surgió, de una importante reunión de vecinos, lo que se pasó a llamar Sociedad de Agricultores “La Mutual” de Lucas González.

La idea de brindar a los colonos un seguro contra granizo, posteriormente se amplió y dio cobertura a seguros contra incendios, contra la lagarta (oruga), de las trilladoras, motores a vapor y sus accesorios, e incluso de las parvas de cereal y oleaginosas que hacían para proceder a la trilla, seguro de vida.

Posteriormente los servicios se ampliaron para brindar apoyo crediticio a los productores a través de lo que se llamó Sección Créditos, dónde se podía acceder a créditos hipotecarios, créditos para la adquisición de máquinas agrícolas y semillas. Se realizaban los préstamos en efectivo, en cualquier época del año, lo que les permitía a los productores, cubrir todo tipo de inversiones, tales como compra de animales, pago de personal, pagos de arrendamientos, y otros gastos que se tenían que realizar hasta levantar las cosechas.

Al comienzo, Lucas González, como centro de las extensas tierras colonizadas por la acción oficial y privada, favoreció a los colonos agricultores de las colonias oficiales “La Llave”, “Lucas González” y particularmente de “La Esperanza” y “Campo Vieyra”, los que se asociaron a la “La Mutual”.

Como herramienta para el fomento agropecuario, se estimula el ahorro propendiéndolo al afincamiento del asociado, facilitando el dinero para la compra de campos o entregándolo bajo ciertas cláusulas hasta 110 hectáreas, y como se trata de agricultores de verdad, su arraigo es inmediato e inicia la explotación el mismo año de firmado el boleto de venta, facilitándole el material o dinero para las construcciones y dependencias de fundo agrícola. Fomenta la cooperación, tendiente a independizar económicamente al asociado, librándolo en los consumos de artículos de primera necesidad, de la especulación del comercio minorista, para lo que organizó compras en conjunto.  Como medio de difusión de sus actividades contó con una revista llamada “El Colono”, la que llegó a tener una tirada de 6.000 ejemplares. También poseía servicio médico para sus asociados, en toda la provincia, el que era atendido por 65 médicos.

Poco a poco, su área de cobertura se fue ampliando, al punto de dar cobertura a toda la provincia de Entre Ríos, sur de la provincia Corrientes y norte de la provincia de Buenos Aires. Llegó a tener registrados 5.000 socios activos. Más de 100 agentes recorrían en forma permanente la región, atendiendo a los asociados e incrementando la cantidad de asociados.

A través de su historia, La Mutual fue marco de un hecho histórico, ya que en su edificio se realizó el Primer Congreso de Cooperativas de Entre Ríos, el 8 de junio de 1.913, punto inicial de lo que fuera la Federación de Cooperativas FEDECO. En este congreso participaron personalidades destacadas, entre ellos, Alberto Gerchunoff, quien fuera autor del libro “Los gauchos judíos”.

La Mutual, fue impulsora, a la par de sus actividades específicas, de fomentar otras actividades, como las deportivas. Así fue que le dio un fuerte apoyo al fútbol del Club Atlético Lucas González, dándole trabajo a sus jugadores y contratando a un técnico de nivel nacional como Julio Ducasse, quien puso a la institución en un gran nivel. También le dio un gran impulso a la formación de un Club de Basquetbol.

Con el pasar del tiempo, comenzaron a aparecer otras instituciones similares en la provincia, que fueron apagando poco a poco el impulso inicial de La Mutual, empresa que había construido una gran infraestructura, la que hizo imposible continuarla en el tiempo. Sus actividades se dejaron de desarrollar a mediados de la década del 30.

Su edificio, fue ocupado como sede para una cooperativa eléctrica, luego como frigorífico de huevos, frigorífico de carnes, y tras una larga inactividad, fue incorporado a la Cooperativa Agropecuaria El Progreso Limitada, quien lo ocupa como sede administrativa.

Edificio de La Mutual de Lucas González



miércoles, 5 de agosto de 2020

Nuestro Pago y su toponimia.



Nuestro Pago y su toponimia.

Nuestro solar nació y creció en el corazón de la selva montielera. A través de la historia han quedado algunas menciones a su antigua denominación. Todos sabemos que nuestra ubicación geográfica nos instala en las nacientes de dos conocidos arroyos, el Clé al sudeste y el Obispo al noreste. En tiempos en que las poblaciones no se habían conformado como tal era muy común denominar los sitios conocidos con nombres que nacían del conocimiento popular del pago. El nuestro tenía un nombre hermoso, se conocía como “Puntas del Obispo”. El nombre está dado por que es aquí dónde están las nacientes de nuestro Arroyo Obispo, que nace en el Departamento Nogoyá y atravesando el Departamento Tala, desemboca en nuestro querido Río Gualeguay. 
El registro más antiguo que hemos encontrado data del 15 de febrero de 1814, en anotaciones hechas por Eduardo Holmberg en oportunidad que intentaba detener a Pancho Ramírez por encargue del Directorio porteño. Allí comenta que Puntas del Obispo es lugar casi despoblado en las costas del monte. (Archivo Artigas - Pag. 79-80-269-270-275).
Otra referencia a nuestro sitio es el de "Batalla de Puntas de Obispo", el 17 de diciembre de 1830, cuando el ejercito de Pedro Espino derrotó a las fuerzas de Ricardo López Jordán (padre), en el marco de las guerras del periodo llamado la anarquía entrerriana, dónde se sucedieron quince gobernadores en un corta período de tiempo en nuestra provincia.- También aparece una referencia con nuestra vieja denominación en el fechado de una carta que el Gral. Juan Lavalle enviara a su amigo el Gral. Ángel Núñez fechada el 1° de Abril de 1840, en el marco de sus andanzas por nuestro territorio en operaciones de sus fuerzas unitarias ante las tropas federales de la Confederación Argentina. (Tomás de Iriarte en “Tiranía de Rosas y el bloqueo francés” – Ediciones Argentinas 1948.).- El profesor Humberto Vico en su libro “Historia de Gualeguay” es quien determina en forma precisa que el paraje “Puntas del Obispo” estaba ubicado en la actual Lucas González.
Estos sitios, que ya contaban con una denominación por aquellos años, en forma casi indubitable estaban ubicados a la vera de las llamadas “rastrilladas”, primitivos caminos que recorrían los montes entrerrianos de algarrobos, ñandubay y espinillo, en dónde los arroyos y sus cañadones ayudan a los paisanos a conocer su suelo con gran sabiduría y notable destreza para recorrerlo en el lomo de sus caballos, generalmente en milicias criollas; que históricamente fueron temidas por su resolución y bravura para seguir a sus caudillos.
Recién se lo denominó como Lucas González, cuando el Tren Central Entrerriano unió las ciudades de Paraná con Concepción del Uruguay hacia 1888, cuando el gobernador Clemente Basavilbaso acepto la petición del propio Lucas González para que nuestra estación llevara su nombre, dado a que en esta zona de habían encontrado las cuadrillas que desde un extremo  hacia el otro construyeron las vías férreas.

Entrada al acceso de Lucas González



Amenazados por el cólera

Amenazados por el cólera

En 1991, una epidemia de cólera atacó al pueblo peruano. Los países americanos de más al sur, se vieron amenazados, ya que la propagación de esta enfermedad se transmite por los cursos de agua contaminada, y es producida por el Vibrio Cholerae. Esta bacteria, ataca a los intestinos, produciendo una infección aguda del intestino delgado, haciendo que los pacientes se deshidraten rápidamente, debido a la intensa diarrea que origina. Nuestra Mesopotamia, debido a los ríos que la bordean, era un punto estratégico a proteger. Como siempre, en estos países del tercer mundo, muy poco se proyecta a futuro y los problemas los tratamos de resolver sobre la marcha, con los problemas que esto conlleva. Como aún sigue ocurriendo, las poblaciones de los nuestros pueblos carecían de obras de saneamiento, que cubrieran el total de nuestras poblaciones. Nuestro pueblo, Lucas González, no era la excepción. Teníamos cloacas para medio pueblo, pero se carecía de este servicio, para a zona desde el trazado de las vías del ferrocarril, hacia el sur. Nuestro hospital carecía del servicio de cloacas, y su sistema de pozos negros había colapsado sin remedio. Las napas freáticas estaban contaminadas y, por lo tanto, los pozos de agua de toda la zona. Ese fue el tiempo en que me toco gobernar el municipio, con este problema acuciante, que, como una espada de Damocles, nos amenazaba. Los recursos eran sumamente escasos, y las decisiones no podían demorarse. Debido a los problemas de nivel, una obra de cloacas, no podía ser acoplada a los módulos de cloacas que se encontraban funcionando hacia el norte de la ciudad. La solución estaba dada en construir unas nuevas lagunas de decantación de líquidos cloacales. Había que conseguir un terreno adecuado, que permitiera a los niveles existentes de los terrenos de los barrios Santa Rosa, Balneario y San Salvador, tener una salida para sus líquidos cloacales. Lógicamente que el Hospital Santa Rosa, era el primero en que debía contar con ese servicio y en forma urgente. Desde el gobierno nacional se desarrolló un programa para ayudar a los municipios que gestionaran para realizar este tipo de obras de saneamiento, para enfrentar a los problemas que traería el cólera. El aporte permitió adquirir las cañerías para la red troncal. Ante el gobierno de la provincia no se pudo conseguir ningún aporte, porque la caja provincial no estaba en condiciones de hacerlo. No fue fácil, pero se consiguió el terreno para el emplazamiento de las lagunas. Tuvimos que llegar hasta la justicia, para calmar los reclamos de un supuesto tenedor de los mismos. Se dio comienzo a las obras, que se realizaron absolutamente con el esfuerzo municipal, se construyeron las lagunas, trabajo que llevó varios meses, y se construyó la red troncal y la conexión del Hospital. Cuando todo parecía encaminarse a cumplir con el anhelo tan buscado, tuvimos que enfrentar un reclamo de algunos vecinos de la zona dónde estaban emplazadas las lagunas, porque supuestamente sufrirían los problemas de malos olores similares a los que sufrían los vecinos de Nogoyá. En este sentido, y desoyendo algunos consejos de gente de obras sanitarias de la provincia, habíamos decidido construir las lagunas, copiando el tamaño y la disposición de las antiguas lagunas del sector norte, ya que éstas no producían, estos problemas. Con todos los inconvenientes, seguimos adelante y se realizó la distribución inicial en algunas manzanas de la zona del hospital. Sabíamos, que habiendo podido realizar este esfuerzo, aparte del saneamiento de la urbano, estábamos dotando a la zona de una herramienta que permitiría un desarrollo habitacional, como el que se viene logrando hasta nuestros días. Las administraciones posteriores continuaron ampliando la red cloacal en todos los barrios. El cólera no nos llegó, pero gracias a esa amenaza, se hicieron los esfuerzos que permitieron mejorar el saneamiento de toda esa zona. Hace veinticinco años que el sistema viene funcionando y no ha tenido mayores inconvenientes. Acá también se cumplió aquel refrán que dice: “no hay mal, que por bien no venga”.



Molino Harinero Central Entrerriano de Santiago Negri

Molino Harinero Central Entrerriano

Ni siquiera nos habíamos instituido como Villa, eran tiempos en los que estaba todo por hacer. Las manos gringas eran todo su capital, así se comenzaron muchos de los emprendimientos que fueron conformando la espina dorsal de lo que fue después Lucas González, del sueño de esos inmigrantes de establecer sus familias en un marco de paz y de trabajo. Inmigrantes, los hubo de muchas nacionalidades, pero sin dudas que fue la sangre italiana quien dio sus primeros pasos y se fundamentó en su fe. Una de las historias más potentes, pero para muchos desconocida fue la de la familia de Don Gaetano Negri. Un italiano proveniente del norte, de Pavía, de tradición harinera, consiguió iniciar su clara huella, como empleado del molino harinero y fábrica de fideos de Don Santos Oberti, en Victoria. Trabajaba junto a su hijo Santiago Natalio de 12 años, quien fuera más tarde el personaje central de este relato.

Poco a poco, Don Gaetano vio la posibilidad de construir su propio molino, y fue en Lucas González que pudo coronar su sueño. Recibió la ayuda inicial de los curas benedictinos, con quienes había cosechado una buena amistad, y fue así que instaló un “molino de piedra”, como se llamaban a aquellos primitivos, que sin embargo lograban producir alrededor de 200 bolsas de harina diarias. La mayoría de los habitantes del pago, allá por 1896 eran colonos. Sus carros traían su trigo y volvían con harina para alimentar a sus numerosas familias. Fue así que comenzó la leyenda de lo que se llamó “Molino Central Entrerriano”, pero que para la gente fue el “Molino de Negri”.

El molino fue el motivo principal del desarrollo del pueblo, por aquellos años. Una auténtica vocación y una disposición emprendedora hizo de este emprendimiento, la médula central del desarrollo evolutivo de esta comunidad.

Viendo en sus hijos la esperanza en la continuidad de sus sueños molineros, hacia 1898 expandió su industria harinera instalando también un molino en la ciudad de Concordia, similar al de Lucas González, pero de mayor capacidad de producción.

A la muerte de Don Gaetano, se hace cargo de la empresa su hijo mayor, Don Santiago Natalio Negri, en el año 1919. Su trabajo, junto a sus hermanos Francisco y Emilio, hizo perfeccionar la industrialización de la harina de sus molinos, a través de la modernización de sus líneas de producción. Sus productos se abrieron a los exigentes mercados internacionales, hacia dónde se exportaba gran parte de su producción. España, Alemania y Brasil fueron sus principales comparadores.

Su actividad emprendedora hizo que se llevara adelante una colonización de 1000 hectáreas de trigo y lino en Pueblo Ferrer, Estación Gral. Campos, Departamento Concordia.

Numerosos premios nacionales e internacionales premiaron la calidad de las harinas de los dos molinos.

Una gran cantidad de empleados trabajaban en estas productivas plantas y el río Uruguay como el ferrocarril aportaban lo suyo para sostener un trabajo firme y en pleno crecimiento.

En 1927 y luego de un gran incendio, el que logró controlarse milagrosamente, el molino “Central Entrerriano” de Lucas González, pudo repararse y continuar por la senda de la producción harinera. Cabe destacar que a la par de la fabricación de harina, se comerciaban subproductos tales como afrecho, afrechillo, trigo pisado, acemite y otros.

A la muerte de Don Santiago, su esposa Catalina Bonzi, conforma una sociedad junto a sus hijos Andrés José, Juan Cayetano y Pedro Pablo.

Juan Cayetano Negri fue un activo integrante de la comunidad Luquense, destacándose en la comisión que regía los destinos del Círculo Católico de Obreros y como político ocupo funciones como concejal, presidente municipal y diputado suplente. Falleció en 1951, a la edad de 40 años, lo que causo un gran dolor en el seno de su familia y de toda la comunidad.

Hacia 1953, en medio de una situación poco propicia, tanto económica como comercial, hizo imposible a la familia continuar con la actividad y decidieron vender su molino, el que fue comprado por una empresa del Chaco. La instalación en Nogoyá del Molino Río de la Plata se había convertido en un competidor imposible de enfrentar, debido a que utilizaba en sus grandes instalaciones los más modernos equipos de producción. En los libros contables de la empresa además figuraban números deudores con deudas documentadas por montos muy importantes, pero doña Catalina y sus hijos decidieron no llevar adelante la ejecución de ninguno de esos documentos, ni inhibir a sus deudores, poniendo de manifiesto por delante de las necesidades económicas a sus humanitarios sentimientos.

Tiempo después, en conjunto con otras tradicionales familias luquenses se asociaban para integrar la sociedad comercial a la que llamaría “La Industrial Luquense S.R.L.” con el fin de industrializar a la semilla de lino, en la producción de aceite y pellets. A la sociedad la conformaron las familias Negri, Guaita, Galizzi, Surraco y Astori.

Apagados los ruidos del molino, había quedado como un obelisco al trabajo, el emplazamiento de la chimenea de la caldera del molino “Central Entrerriano” y que fuera como una postal Luquense hasta que, en la tarde del 23 de julio de 1976, un rayo causó daños irreparables en su estructura, lo que aconsejó la demolición de la misma. Este hecho se produjo en la triste mañana del 28 de julio de ese año. Así se apagaba lo que, a principios del siglo XX, fuera la genuina expresión de la voluntad de una familia de poner un mojón firme en el crecimiento de lo que hoy es nuestra comunidad.

La caída de la Chimenea del Molino Negri



Recuerdos de las primeras Fiestas del Lino

Recuerdos de las primeras Fiestas del Lino

La próxima Fiesta del Lino cumplirá su 30° edición. Fue en 1989, cuando se impulsó su realización en Lucas González de una fiesta representativa de la producción regional de lino. A través de los años se ha venido realizando todos los años, con mayor o menor importancia. Su inicio fue en el gobierno municipal de Víctor Maldonado. En 1988 se había realizado la Fiesta del Centenario Luquense, y a partir de allí comenzaron a surgir las ideas que llevaron concretar una fiesta del pueblo. Recuerdo que en Romeo Lógica y Elbio Spadillero había nacido la idea de realizar una fiesta que anualmente convocara al pueblo con la idea de sostener su identidad y las distintas expresiones culturales. Como en aquellos tiempos la producción linera de la zona era muy importante, sumado a que contábamos con una fábrica de aceite instalada y en plena producción, se convino en que nuestra fiesta fuera la del
lino. Así fue que a través del municipio se convocó a vecinos de la ciudad y del campo a una reunión que se realizó en el salón del Jockey Club en 1988 a los efectos de formar una comisión organizadora del evento. Después de algunas reuniones, esta quedo formada bajo la presidencia de Don Enrique Meier. La primera fiesta se realizó en la rotonda del mástil de la ciudad, con gran presencia de público y con una cartelera con totalidad de artistas locales, que por entonces los había y muy buenos cultores populares.
El éxito de la fiesta entusiasmó a los organizadores a organizar la segunda edición, la que debido a las gestiones del por entonces Diputado Provincial Juan Enrique Ghiano, fue declarada Fiesta Provincial del Lino. El evento se realizó en la esquina de la Plaza San Martín, frente al mástil.
La tercera edición, ya con la fiesta en crecimiento se decidió hacerla en las instalaciones del Club Atlético, sumándole una fecha de jineteada nocturna. En la tercera fiesta participaron de la cartelera importantes números provinciales tales como el conjunto “Memoria de los Pueblos”, Falucho Chávez y su Conjunto, el Dúo Graciela y Luis, el humorista El Chajá, la por entonces niña, Mariela Campodónico y su conjunto, Isildo Kuchen y su conjunto, entre otros. En la noche de la jineteada, las instalaciones resultaron chicas debido a la gran cantidad de público que se hizo presente. Para la cuarta edición, y debido a los éxitos que se venía logrando, hizo pensar a los organizadores en organizar una fiesta que se destacara en la región, para lo que se organizó una cartelera nunca vista en nuestro medio por aquellos años. Ya por entonces presidía la comisión organizadora, Leopoldo Meier.
Estuvieron actuando en el escenario “Eduardo Mongelós” músicos de nivel nacional tales como León Gieco, César Isella, Orlando Veracruz, Los de Imaguaré, Los Alonsitos, El Chajá, entre otros. Fueron dos jornadas inolvidables desde lo artístico, pero de un resultado económico muy ajustado, lo que haría replantear las futuras ediciones.
En la quinta edición se contó con la colaboración de FECTER (Federación de Entidades Culturales Tradicionalistas de Entre Ríos) con una hermosa cartelera entrerriana de folclore tradicional. La danza y la música se dieron la mano en la primera jornada realizada en el Club Atlético contándose con la presencia de grandes músicos entrerrianos, entre ellos estuvo Juan Carlos Alsina. En esta fiesta se realizó una jornada de jineteada criolla, la que se llevó a cabo en el campo del Sr. Villanueva.
Así se fueron sucediendo la sexta y la séptima, todas estas fiestas provinciales, hasta que en la octava fiesta se declaró como Fiesta Nacional del Lino.
Todavía no encuentro una explicación porque ahora se numeran las fiestas a partir de que fue Fiesta Nacional, porque en todos los casos que conozco se tiene en cuenta el inicio. Esta que viene es la 32° Fiesta de Lino y la 25° Fiesta Nacional del Lino.

1° Fiesta del Lino - 1989


Recuerdos del Centenario Luquense

Recuerdos del Centenario Luquense.

Cuando Lucas González cumplió sus cien años de vida, en 1988, se vivió una experiencia que socialmente nos integró a todos. Fue algo muy hermoso, no obstante que se fueron sucediendo en el marco de una efervescencia pueblerina, que hoy, a treinta años de aquellos hechos, resulta desconocida para los más jóvenes. Hacia finales de 1987 me tocó asumir el cargo de Secretario Municipal, convocado por Víctor Maldonado que había resultado Presidente Municipal electo. Un gran desafío fue el de tener a solo cuatro meses de nuestra entrada en funciones, los festejos del Centenario. En el gobierno municipal de Omar Galizzi se había formado una comisión de festejos, la que se encontraba presidida por Andrés Seeling. Uno de los principales problemas a resolver era el contrato que se había suscrito con el reconocido músico Rubén Durán, convenido en dólares y que por la inflación reinante se había convertido como impagable. La hombría de bien de Durán, hizo que se conviniera que la cifra acordada se transforme de dólares a australes (moneda de por entonces). Solucionado el problema económico se iniciaron las rondas de reuniones organizativas.

Por aquellos años, Durán se encargaba de organizar y producir los espectáculos en los centenarios de varios pueblos entrerrianos que habían iniciado su vida a la vera de las vías ferroviarias. Todo estaba perfectamente organizado y planificado, para lo que presentó su proyecto y sus requerimientos para la fiesta central. El espectáculo iba a estar protagonizado por gente del pueblo, lo que produjo una gran participación de músicos, bailarines, coros, gimnastas; con personas de todas las edades. Se iba a utilizar un escenario de grandes dimensiones, para lo que se nos presentó un desafío para construirlo. Se decidió utilizar maderas locales, y fueron los pinos que estaban sobre Bv. Soberanía, los que se utilizaron para hacer los tablones, aprovechando que debían ser sacados por una serie de construcciones planificadas para ese el lugar. El predio de la Asociación Argentina de Descendientes de Alemanes del Volga fue el elegido para emplazar los espectáculos.

Se decidió poner en marcha la abandonada cámara frigorífica de la Cooperativa Eléctrica “Lucas González”, para conservar la carne y los chorizos que se iban a utilizar en el almuerzo del centenario, cosa que se hizo con todo éxito y fueron dieciocho las reses que se faenaron para el asado a la estaca que almorzaron cuatro mil personas.

La Sociedad Mutual Nueva Italia y el Círculo Católico de Obreros brindaron sus instalaciones para los ensayos que dirigía Rubén Duran y los profesores que colaboraban. Una semana antes de los festejos centrales, ya se encontraba montada la infraestructura de las tres carpas, del escenario, de la iluminación y sonido; lo que permitió que con la colaboración de F.E.C.T.E.R. se realizara un hermoso festival folclórico con la actuación de músicos entrerrianos de gran nivel.

Se trabajaba día y noche en los distintos aspectos de la fiesta. Desde el municipio se conformaron los distintos grupos de trabajo para cubrir los distintos aspectos del encuentro pueblerino. Había que contemplar que sería una jornada muy movida ese 20 de abril. Ese día por la mañana, desde muy temprano se iniciaron los fogones para asar a estaca los dieciocho novillos para el almuerzo, a primera hora se realizó un acto en la estación del ferrocarril, luego llegó a la cancha del Club Atlético el helicóptero que trajo al gobernador Jorge Busti, concentrándose todas las autoridades y gran cantidad de público alrededor de la rotonda del mástil, lugar dónde hizo el acto protocolar y se inauguró la columna de centenario y se descubrieron las placas alusivas. Una vez finalizado esto, todos nos dirigimos hacia las carpas para el almuerzo, dónde se vivió una fiesta del reencuentro, ya que allí llegaron muchos luqueses que hacía años no visitaban su pago. Todo se desarrolló con normalidad y en un gran festejo, como nuestro pueblo se merecía. Finalizado el almuerzo, se despidió al gobernador que volvía a Paraná, para luego seguir desde el mástil con la actuación del Coro de Bronce de Villa Ballester. Debo confesar que no pude disfrutar de este espectáculo, porque debí volver a las carpas del centenario para supervisar el desarme de todas las mesas del almuerzo y colocar todas las sillas para el espectáculo de cierre de la noche. Gracias a mis leales grupo de empleados pudimos logar al limpieza y ordenamiento del predio para el atardecer.

Con las carpas colmadas de público se dio inicio al espectáculo central con la conducción de Roberto Romani y Rubén Durán. Así se fueron sucediendo actuaciones como la del Coro del Centenario, actuaciones de teatro, musicales, gimnastas, representaciones de grandes y de chicos, que quedaron en la historia imborrable de nuestro pueblo. Se eligió a la Reina del Centenario, siendo Patricia Tabachi quien lució la corona de fiesta. Lo que había sido producto del trabajo de tanta gente durante tantas horas de trabajo y de reuniones organizativas, de tantos esfuerzos y de incluso discusiones constructivas, llegaba a su fin, quedando un consenso en la población de que habíamos vivido una fiesta digna, y que nos dejaba claros ejemplos de que juntos podíamos ser capaces de alcanzar altos objetivos. Darnos cuenta de que fuimos capaces de hacerlo, alimentó la idea de iniciar para nuestro pueblo, una fiesta que nos representara en el tiempo, y así nació la Fiesta del Lino, la que se inició en 1989. El año que viene se realizará la 30° Fiesta del Lino, porque debe ser así tenida en cuenta. Esa es otra historia que tenemos que escribir para el recuerdo…

Finalizada los Festejos del Centenario, la comisión organizadora, contando económicamente con números favorables, decidió invertir esos fondos en la adquisición de juegos infantiles para el parque “Sarmiento” de la ciudad, los que se encuentran en uso en la actualidad.

Descubrimiento de Placa del Centenario en la Estación
Hugo Cinto, Víctor Maldonado (Intendente) y Myrian Allasino


lunes, 3 de agosto de 2020

Cámara Frigorífica Cooperativa - Principio y Ocaso

Fue en 1966 que la autoproclamada Revolución Argentina, derrocó al gobierno constitucional de Arturo Illia, siendo éste reemplazado por el gobierno de facto del Gral. Juan Carlos Onganía. Fue por entonces  gobernador de Entre Ríos el Brigadier Ricardo Favre, y en nuestro pueblo Lucas González, fue designado José Carlos María Guaita como Intendente Municipal. Acá nos vamos a referir a un hecho puntual que ocurrió en nuestra ciudad, que marcó, ya por entonces, un enfrentamiento muy ríspido en las relaciones pueblerinas. Si hay algo que no se puede negar al gobierno municipal de Guaita, es que trajo un ordenamiento importante en la gestión administrativa municipal y que se establecieron algunos cambios que, como siempre, no cayeron en gracias para algunos sectores que vieron afectados sus intereses particulares. 

En nuestro pueblo funcionaba por entonces la Cooperativa Eléctrica “Lucas González”, que venía reconvirtiendo su funcionamiento como medio de sostener la fuente de trabajo de varias familias. Agotada su provisión de energía eléctrica por las nuevas tecnologías, reemplazó sus generadores de corriente continua por cámaras de frío para el acopio y comercialización  de huevos y también la instalación de una cámara de frio para carnes (1971). El municipio era también socio de esta cooperativa, por lo que, cuando el negocio del huevo no encontraba posición en el mercado de entonces, propuso la firma de un Convenio con la Cooperativa para centralizar la distribución de la carne que se comercializaba en el pueblo a través de las carnicerías. Por entonces el matadero municipal era utilizado por los carniceros locales para la faena de las reses. En el convenio suscrito con la Cooperativa, se fijó que la faena en el matadero municipal la realizaría la Cooperativa, llevándola previamente antes de ser distribuida, a las cámaras de frío como medio de estandarizar su tipo y que esta llegue al consumidor en condiciones higiénicas inmejorables y sin mermas en el peso. Desde las cámaras de frío la distribución se hacía en un camión térmico lo que mantenía la cadena de frío. Todo este adelanto para aquellos tiempos, no fue aceptado por algunos carniceros, los que comenzaron a iniciar duros enfrentamientos con el gobierno municipal, llegando en algunos casos a cambiar inicialmente su locación a las afueras del pueblo, pero que, al quedar dentro del ejido municipal, les comprendía las generales de la ley, para luego emigrar, como en el caso de la tradicional carnicería de la familia Boeri, hasta la vecina localidad de Sola. No obstante estos escarceos o desacatos, algunos de ellos impositivos, finalizaron con un funcionamiento aceptable del nuevo sistema.- 

Dentro del Consejo de Administración de la Cooperativa Eléctrica, ocupaban cargos varios y reconocidos dirigentes de extracción radical, pero que por estar prohibido el funcionamiento de los partidos políticos no se encontraban en actividad. Posiblemente esto hizo que para 1973, con el retorno a la democracia, encendiera las pasiones políticas y fue así que unas de las principales banderas políticas del partido justicialista, representado por entonces por el vecino Horacio Mernes, fuera la anulación del convenio suscrito entre el municipio y la cooperativa, para regresar al sistema de que cada carnicero retiraría en forma directa del matadero municipal sus reses. El justicialismo ganó las elecciones, y cumpliendo su promesa electoral, en la Ordenanza N°1 lo que se aprobó fue la de la cancelación del acuerdo. Es obvio que esta medida desfinanció el funcionamiento de la cooperativa, y el consejo de administración inició un juicio en contra del municipio. Las presiones políticas del electorado que había votado por la nueva conducción municipal produjo la renuncia del consejo cooperativo en pleno (1973).- El difícil momento institucional buscó ser subsanado con la designación de un consejo asesor con el color político del oficialismo municipal, lo que logró desactivar el juicio iniciado a favor de la cooperativa al renunciar a la demanda. En esta nueva conducción de la cooperativa se fue marcando el inicio del ocaso del funcionamiento de esta entidad, ya que a fines de ese mismo año en su balance ya se configuraba un déficit operativo importante.-

El municipio, ya en el período democrático que se iniciado en 1973,  tenía dentro del organismo cooperativo a un representante, para lo que había sido designado el concejal Humberto S. Cappa. Cabe destacar que el concejo deliberante funcionaba con claras irregularidades , entre las que se destacaban la inasistencia casi permanente de algunos de los miembros del oficialismo, lo que traía aparejadas las falta de quórum para sesionar. La oposición remarcaba en forma permanente que a pesar de haberse aprobado algunos proyectos de importancia, no eran aplicados por el ejecutivo. Esto, sumado a de la falta de información que se había requerido del concejal que integraba el consejo de administración de la cooperativa sobre el funcionamiento de la misma, fueron el caldo de cultivo a una crisis de índole político que se planteó con la renuncia indeclinable presentada por el concejal Julio Alberto Pérez Bahler, representante de la Unión Cívica Radical, producida el 2 de setiembre de 1974, a través de una extensa nota elevada al presidente del Concejo Deliberante, Clemente Gobo. Así las cosas el por entonces Sub Comité de la UCR decidió por unanimidad avalar y ratificar en todos sus términos la nota con la renuncia de Pérez Bahler, además de retirar todo tipo de apoyo a las autoridades comunales, además de expresar que no cubrirán con un hombre del partido, la vacante producida por esta renuncia.

Las desavenencias políticas y sociales habían hecho fracasar un importante intención de establecer un sistema organizado de provisión de carnes con las condiciones con que hoy se reciben por parte de los carniceros locales, con la diferencia que hoy la carne que se consume provienen de frigoríficos externos.

La Cooperativa Eléctrica “Lucas González” se fue extinguiendo inexorablemente, a pesar de algunos intentos de reflotarla en su funcionamiento. La última vez que funcionaron sus cámaras de frío fue en abril de 1988, en oportunidad que fueron puestas en marcha por la Comisión del Centenario, para conservar las dieciocho reses que se faenaron para el almuerzo. Institucionalmente pasaron muchos años sin que se presentaran balances anuales y así quedó ese edificio abandonado por mucho tiempo. Posteriormente fue la Cooperativa Agropecuaria “El Progreso” Ltda., quien a través de arduas gestiones logró incorporarla a su patrimonio y recuperar así aquel local y convertirlo en un moderno centro administrativo, comercial y cultural.

Edificio de La Mutual cuando funcionaba la Cámara Frigorífica.



Tiempos de Emprendedores

Tiempos de Emprendedores

Hablar por estos tiempos de que en un término de cinco años se podrían abrir cinco empresas constituidas legalmente en nuestro medio, nos resultaría increíble. Pero esto ocurrió en nuestra ciudad, y cuando se denominaba Villa Lucas González. Fue en la década de 1950, años signados por cambios políticos, por problemas económicos y por inestabilidad política. Sin embargo esto no impidió que se conformaran estas empresas, que en mayor o menor medida, generaron trabajo genuino y ocuparon mano de obra local para sus emprendimientos, realizando sus inversiones en su suelo natal. Han pasado los años y muchos de aquellos nombres son sólo un recuerdo de los mayores y curiosidad en quienes nos gusta hurgar entre los amarillentos papeles de la historia. Han pasado más de sesenta años de aquellas apuestas productivas y creo que recordarlas es un humilde homenaje a quienes pusieron su esfuerzo en sostener nuestro pueblo en crecimiento con sus acciones empresariales. Tratare de trazar una síntesis ordenada por los años en que fueron iniciando sus actividades de aquellos pioneros luquenses.

Pitasni – Zipilivan S.R.L.: Esta firma dio inicio a sus actividades el 6 de diciembre de 1952, y
estuvo conformada por los señores Arón Samuel Pitasni, Abraham Zipilivan, Sofía Zipilivan de Pitasni y Abel Argentino Blasón. Esta firma tuvo como objeto la explotación comercial de los ramos de tienda, ropería, camisería, sombrerería, mercería, perfumería, zapatería y mueblería. La firma constituyó local en calle Urquiza, entre Soberanía y Roque Sáenz Peña y se designó Gerente a Aron Samuel Pitasni, conformándose un capital inicial de ciento veinte mil pesos moneda nacional de aquellos tiempos.

Cooperativa Unión de Productores Rurales Limitada: Esta cooperativa se constituyó el 11 de diciembre de 1953, obteniendo su Personería Jurídica el 14 de diciembre de 1954 y su
Matrícula ante el Registro Nacional de Cooperativas bajo el N° 3389, el 29 de marzo de 1955.
Su objeto fue el de facilitar a sus socios el desenvolvimiento de las actividades rurales,
procurar a la mejor colocación de sus productos y la adquisición de implementos, útiles,
materiales, semillas, semovientes, artículos de consumo, de uso personal y del hogar y
 todo lo que sea necesario para la explotación rural tales como remates de ganado, 
compra y venta de productos y subproductos rurales, transporte de ganado, etc. Ocupó distintos locales para sus actividades; uno de ellos fue en Urquiza y Ramírez, dónde hoy se encuentra la Farmacia “Farmás”, en el antiguo edificio y otro el de la esquina de Urquiza y Belgrano, actualmente de la familia Zurdo. En 1960, su Gerente fue Vicente Lanterna, su Secretario Samuel Steimbrecher, su Tesorero Juan Bautista Alasino y Revisor de Cuentas Emilio Surraco.

Lucas Industrial y Comercial S.R.L.: Fue el 15 de marzo de 1955 que se conformó esta sociedad con el fin de elaborar jabones y extracción de glicerina, aunque en su objeto social dejaron abiertas las puertas para realizar otros emprendimientos comerciales. Fue conocida
inicialmente como “La Jabonera” y finalmente sus actividades giraron hacia la extracción de
aceite de lino y fabricación de pellets, emprendimiento que desarrollo sus labores como “La
Industrial Luquense SRL” ocupando un importante número de obreros. Sus socios fundadores fueron Francisco Luis Alasino, José Carlos María Guaita, Alejandro Keiner, Noé Santiago Guaita, Santiago Arturo Guaita, Emilio Isaac Surraco, Arturo Juan Antonio Guaita, Alcides Dilio Gaita y Edmundo Isaac Guaita. El capital social inicial de la sociedad fue de cuatrocientos mil pesos moneda nacional. Comenzó a funcionar con cuatro gerentes a cargo de la dirección yadministración de la sociedad y ellos fueron Santiago Arturo Guaita, Emilio Isaac Surraco, Noé Santiago Negri y Francisco Luis Alasino.

Establecimiento Manvac: Este emprendimiento dio inicio a sus actividades el 30 de julio de
1956 en el lugar conocido por entonces como “La Granja” y que hoy ocupan las cabañas “Don Horacio” de María Luz Mernes. Fue producto de la sociedad que formaron Carlos Alberto Martelli con su cuñado Jorge Federico Albarracín Guerrico. El objeto de esta 
sociedad fue el de fabricar un producto con características similares a la manteca. Este producto se lograba mediante una emulsión de grasa, agua y grasa de leche, una especie de margarina, aunque no tenía componentes vegetales. Su capital inicial fue de ciento cincuenta mil pesos moneda nacional. Ambos integrantes de la sociedad tenían responsabilidades gerenciales. El establecimiento ofreció la oportunidad de trabajo a varias familias luquenses.

Cotegan Industrial y Comercial S.R.L: Esta sociedad inició sus actividades el 24 de julio de 1956 y fue integrada por Clemente Enrique Giqueaux, Roberto José Giqueaux y Santiago Conti, siendo su objeto el de fabricar alimentos balanceados para aves, vacunos y cerdos. Su capital inicial fue de ciento veinte mil pesos moneda nacional y sus instalaciones se ubicaron en calle Ramirez entre Rivadavia y Urquiza. Roberto José Giqueaux fue designado Gerente encargado de compra, elaboración y ventas. Posteriormente el negocio fue continuado por Luis Montenotte. Fueron pioneros en la fabricación de estos alimentos que pasaban a reemplazar a los tradicionales granos. Claramente fue un desafío para entonces, el de reemplazar los productos de la cultura alimentaria animal, y sin embargo la lucha no hizo mella en el esfuerzo de estos pioneros. 

A lo largo de su historia, el pueblo de Lucas González tuvo marcados periodos de desarrollo económico, con algunos emprendimientos que perduraron en el tiempo y otros que se fueron quedando por el avance de nuevas tecnologías. Pero para nuestra historia común es importante rescatar aquellos esfuerzos que no fueron en vano, porque de una forma u otra
hicieron que nos amalgamáramos como sociedad organizada. Por estos tiempos, en los que la actividad económica está marcada por una falta de emprendimientos que generen mano de obra, es bueno pensar que si en otros tiempos se pudo, seguramente podremos en un futuro seguir avanzando.

Bolseros

Bolseros

Cuando por huellas de acero se transportaba el esfuerzo, el sudor y la esperanza de 
nuestros colonos, forrados con bolsas de arpillera, por Lucas González se supo de una raza de hombres rudos, curtidos de casullo, pero con la nobleza de su sangre paisana recorriendo sus venas en apurado pulso que empujaba el cansancio demorado de cada jornada.
Bolseros se los llamó, y así escribieron su historia, nuestra historia escrita por tantos sin nombre, pero que a través de su gesta diaria, apuntalaron el crecimiento de nuestra zona linera. Los hubo en las chacras y en las viejas estaciones del ferrocarril, con sus hombros siempre dispuestos a hacer crecer las estibas de los galpones, o desde allí cargar prolijamente los interminables vagones, siempre ávidos de ajustadas bolsas. Era tal la baquía para caminar por sobre los tablones que hacían de puente entre los depósitos y los vagones, que daba la impresión de que se trataba de una jocosa competencia sin árbitro y sin premio; lo mismo sucedía cuando se recibía cada bolsa de mano de los pulseadores, los que a menudo no dan abasto y debían soportar las cargadas de sus compañeros de trabajo.
Para calmar la sed de aquellos días de verano, la caña con agua enfriada en caramayolas improvisadas con botellas forradas en arpillera, era el más sano remedio contra la sed compartido por los bolseros, pulseadores y patrones. La jornadas de sol a sol, inapelable juez y verdugo con látigo de sudor y falta de aire, solo aceptaba a los duros, cuyo aguante sólo se medía en trenes y no en bolsas.
Un sapucay multiplicado en sus resecas gargantas, saludaba la entrada o la salida de un nuevo tren, como quien agradece a la bendición del trabajo de cada día, que permite que el pan no falte en las mesas familiares, por entonces rodeadas de muchos gurises.
Con el progreso se marcharon aquellos trenes, los vagones, los galpones llenos, las viejas balanzas y los carros. En los viejos y olvidados galpones los recuerdos se agigantan y entre ellos, en un lugar especial se acuna el de los bolseros.

Duende Perdido

Duende perdido

Nuestras calles extrañan sus pasos y el golpecito de su pulido bastón, porque fue el duende de todos, para los grandes la posibilidad de que les representara la solapa y así hacer que sus gurises buscaran la siesta, para los gurises, además de un gran misterio que emanaba de su figura sin tiempo, la oportunidad de hacer florecer la solidaridad al ofrecerle algo para comer.
Así “Panchita” anduvo por el tiempo de Lucas González, con todo el tiempo del mundo debajo de su tapado negro, acompañando su canturreo manso y tarareado o su rezongo inteligible, explicando una vieja tarea interior, que de vez en cuando buscaba la luz. Y así las mañanas y las tardes, las heladas, las lluvias y las siestas luquenses fueron transitadas por su figura misteriosa, interpretada por la gente de diversas maneras, pero todas ellas abordadas por algún sentimiento, de los buenos y por qué no de aquellos que conviven con una gran culpa colectiva.
Para muchos fue la suerte de salvarse jugando una quiniela al aposta al número que
“Panchita” le aconsejara; para otros la oportunidad de un diálogo al paso como forma de
alimentar una sonrisa, o la oportunidad de expresarle esa solidaridad que deja en paz el
espíritu.
Dividía el tiempo a su antojo, al igual que a su camino, se inventaba calles nunca imaginadas y paradas que solo ella se podía explicar, se reía del frío y del barro pisoteándolos descalza a su antojo y de pronto una espontánea carcajada, como divirtiéndose de sus ocurrencias.
Para su vieja libreta cívica fue Francisca Giménez, para todos “Pancha” o “Panchita”, a la que
hoy extrañamos, ya que como sumándose a otras de sus travesuras, un día se nos fue a
inventar senderos de nubes, y nos ha dejado en el archivo de los ruidos el tintineo de sus
monedas a la hora de contarlas y su recuerdo, que para muchos nos hace abrigar la esperanza de encontrarla en una calle cualquiera, al doblar alguna esquina.

Eduardo Mongelos, Nuestro Cantor

Eduardo Mongelos, Nuestro Cantor

Nació en Lucas González, Departamento Nogoyá, Provincia de Entre Ríos el 12 de
Octubre de 1933 a las 16:00 Hs., hijo de Juan Félix Hildebrandt y de Manuela
Mongeló, según obra en el Registro Civil de Lucas González en el Acta Nº 177, Folio
89, Tomo 1.- Su infancia transcurrió en una zona rural en las proximidades de
Aldea San Simón a unos tres kilómetros de Lucas González.- Allí, a su padre,
dedicado a los trabajos propios del campo, le costaba aceptar que su hijo, que de
pequeño abrazó su amor por la música, comenzara a llevar una vida distinta a la
que se acostumbrara en la familia. Esto produjo en Eduardo un alejamiento de su
padre y acercamiento mayor hacia su madre.- Doña Carmen apoyó a su hijo y
posiblemente esto hizo que el cantor eligiera como nombre artístico el de Eduardo
Mongelós, en reconocimiento a quien además de la vida le brindó la comprensión y
el abrigo que necesitaba su corazón bohemio de poeta.    Desde muy joven
comenzó a componer canciones acompañado por su guitarra, actuando para sus
amigos y vecinos.- Siempre en sus canciones se pudo observar un profundo amor
por su suelo, con un sentido de pertenencia  y de gran conocimiento de lo popular,
es decir de su pueblo en todo el sentido de la palabra.- Con apenas 16 años
cumplidos realizó su primera incursión artística en la ciudad de Concordia, haciendo
conocer sus cualidades, que por cierto fueron muy bien recibidas por el público, que
así lo empezaba a conocer.
Su alma ancha necesitaba volar, cumplió con el servicio militar con su guitarra en la
alforja, para luego comenzar su viaje hacia los más diversos escenarios.- Integró
conjuntos de renombre para la época como el de Mario Millán Medina y también el
de Miguel Repiso, además de algunas otras formaciones como la del Conjunto de
Edmundo Pérez.- Así recorrió con gran éxito todo el Litoral llevando su voz y sus
canciones a cada rincón de su pago grande y siempre acompañado por grandes
músicos.-
    Esto hizo que los veinte años recibiera un reconocimiento al éxito en su corta
trayectoria en la reconocida y muy popular Revista del Cancionero Correntino
Iverá, la que en IX Año en su Nº 170 del 5 de Octubre de 1953, destaca su esfuerzo diciendo "Es con grato placer que hoy publicamos la fotografía de este empeñoso cultor de las cosas nuestras, Eduardo Mongelós, cantor-guitarrista que poco a poco y merced al profundo cariño que le inspiran las melodías correntinas ha ido formando un interesante bagaje artístico, con el cual, a no dudarlo, dentro de muy poco tiempo lo veremos salir triunfante en sus aspiraciones. Entrerriano de origen, apoco de llegar a Buenos Aires, ya sus inquietudes musicales lo llevaron a integrar un conjunto de reconocidos méritos: el de Ramón Bernárdez; allí fue puliendo sus condiciones, y al mismo tiempo dando a conocer algunas de sus
composiciones, tales como el hermoso chamamé "El pueblito aquel, Aquella Ilusión Cué;
Así fue mi destino; y otros. No dudamos que el éxito tiene que llegar para este
interprete que pone todo su tesón en seguir estudiando, mientras tanto IVERÁ,
amiga de los que aman de verdad el folklore correntino, le tiende una mano cordial
a este promisorio elemento que es Eduardo Mongelós, y le deseamos todo el éxito
que se merece por su cariño y dedicación…”
Ramón Bernárdez, quien lo había convocado a integrar su conjunto, era un muy
buen bandoneonista, también entrerriano, oriundo de Chajarí. En forma conjunta
componen entre otros, el bello tema "Tu Olvido".
Don Eduardo, comienza a alternar sus actuaciones entre Buenos Aires y su Entre
Ríos, aunque también recorre algunos puntos de Santa Fe, Corrientes y la Banda
Oriental.- Se instala en forma semipermanente en la ciudad de Concordia en dónde
a pesar del tiempo transcurrido, aún se recuerdan sus actuaciones en vivo en LT 15
Radio Concordia y pasando al Uruguay en CW 31 Radio Salto-.- Es muy conocida
una expresión que dejara Mongelós cuando en una oportunidad le preguntaron por
su relación con el Uruguay, cuando dijo: "Entrerrianos y Orientales somos guascas
del mismo cuero".

 Estando en Concordia formó el conocido trío Los Boyeros del Litoral, en voz y
guitarra, junto al bandoneón de Santiago Percara de los pagos de Chajarí y a Carlos
Velázquez de la ciudad de Concordia.
Su trayectoria hizo que realizara algunas grabaciones, cosa muy importante para la
época, y que han hecho que su obra permanezca hasta nuestros días.- Grabó dos
discos, a mediados de la década del 50, en el sello El Ombú, con seis temas cada
uno, tres de cada lado con la particularidad que quizás por el poco espacio, los
temas carecían del final tradicional de los chamamés.- Estos trabajos han sido
regrabados en casetes y CD con una muy buena limpieza a pesar del tiempo
transcurrido en el soporte de los viejos vinilos.- También grabó una obra
compartida con otros artistas en el sello RCA Víctor.
 Convivió con la época en que el tango porteño había ganado los salones de las
clases altas, pero esto no impidió que obra de fuerte raigambre popular quedara
para siempre en el corazón de su pueblo, el real, el verdadero y no el que montaba
"lucecitas para escena".- Esto hizo que nunca actuara en escenario grande en Lucas González, pero su canto se levantó toda vez que regresaba para sus amigos y en
ocasionales encuentros en los barrios populares.- El escenario grande que lo
reconoció fue toda la provincia de Entre Ríos y las provincias y pagos vecinos.- Allí
su obra se hizo inmortal para atravesar así el tiempo y  quedarse ahora sí entre
nosotros.- Hizo conocer nuestro pueblo con su chamamé A Lucas González, el que
en su homenaje grabara el conjunto de Tarrago Ros (padre), y hace poco tiempo
también lo grabara Antonio Tarrago Ros junto a otro tema suyo, el conocido
Arroyo Barrientos. En su homenaje y por éste tema un arroyo sobre el acceso de
Lucas González lleva ese nombre, ya que se trataba de una inspiración poética del
cantautor.
 A pesar de su corta edad, su deteriorada salud había hecho que viajara a Buenos
Aires, donde permanecía en la compañía de su cuñado Rodolfo José Bonano.- Así,
una madrugada, a la hora dos  del 16 de Octubre de 1970, partió hacia la inmortalidad del corazón de su pueblo.- Falleció en la calle Cerviño 3356 bajo la atención del Dr. Eduardo Santiago Cabanne quien certificara que su deceso fue producido por un cuadro de bronconeumonía.- Con 37 años apenas, el cantor que vivió su tiempo con la dinámica de quien sabe que este se le terminaría pronto,alcanzó como una estrella fugaz su mayor brillo para así quedar en el recuerdo permanente de su pago y de su gente.
    En su pago Lucas González, se realiza la Fiesta Nacional del Lino y el escenario
mayor lleva su nombre, al igual que la calle sobre la cual tenía su casa, en cuyo
frente se levantó un monolito, dónde una placa le rinde un merecido homenaje.-
 También lleva su nombre un Centro de Cultores Populares que nuclea a los
músicos luquenses.-
    Fue el cultor popular por antonomasia, marcó un rumbo firme e indeleble en la
cultura luquense, demostrando que con esfuerzo y dedicación  se puede alcanzar
las metas que se proponen, que su hombría de bien apuntaló sus logros y que
además su nombre se levanta como bandera del cantor que enalteció su pago, lo
pintó con melodías para echarlo a volar por el mundo.
Semillas de su estirpe, viven en Concordia, sus dos hijos, Marcelina y Antonio,
quienes en forma permanente honran el recuerdo de su padre.-



Emprendedores Luquenses - Kiva Jaroslavsky

Emprendedores Luquenses - Kiva Jaroslavsky

Una comunidad siempre se construye a través del esfuerzo de sus componentes, pero también por la audacia emprendedora que han puesto de manifiesto alguno de ellos. Tal es el caso del vecino Kiva Jaroslavsky, quien una vez instalado en la Villa Lucas González, realizó con gran compromiso en el campo empresario, un desarrollo de las más variadas actividades comerciales y sociales. Instaló una casa comercial, que fue creciendo para transformarse en una pujante casa comercial de Ramos Generales, además de promover la avicultura con su conocido Acopio de Huevos y Frutos del País, en el local de las hoy calles Urquiza y Roque Sáenz Peña. Más tarde, e impulsando el crecimiento comercial de la Villa, se instaló con una firma cerealera como acopiador de granos y semillas, utilizando al ferrocarril como medio de transporte y dinamizando el trabajo agropecuario de la zona de influencia. Eran tiempos de una gran actividad laboral, donde trabajaba mucha gente que podía vivir dignamente de su trabajo.
A la par de sus acciones particulares, Don Kiva Jaroslavsky, participó activamente en política y en la organización institucional de la Villa. En 1817, durante el gobierno de Don Miguel Laurencena, se designa a un grupo de vecinos de Lucas González, con el fin de que organizara un padrón con los habitantes mayores de la Villa, con vista a organizar una Junta de Fomento. Así se hizo y el 14 de enero de 1918 se conforma la primer Junta de Fomento, presidida provisoriamente por Kiva Jaroslavsky y conformada por Antonio Arín, José Zapián, Maximino Enrique, Enrique Giqueaux y Ramón Guaita. Su labor finalizó el 12 de diciembre de 1918, oportunidad en que en comicios libres fuera elegido Don Enrique Giqueaux.
Su trabajo empresario contó con la destacada labor de mucha gente que en cada eslabón puso lo mejor de sí. En la cuadrilla de la firma cerealera trabajaron: Victorio Maccor (Encargado), Canuto Cabrera (Auxiliar de Vías), Ovidio Maccor (Ayudante), Segundo Basualdo, Pedro Fontana, Arturo Lomónaco, Mageno Suárez, Juan Basualdo, Telmo Lezana, Manuel Escobar, Carmelo Arellano, Eduardo Castillo, Ramón Endrizzi, Félix Farías y Fulgencio Basualdo, entre otros (Hombreadores). En el área administrativa también realizaron su aporte reconocidas mujeres, tal el caso de la recordada cajera de la firma, doña Josefa María Blasón de Crespín. Teresa Heil (Auxiliar), Francisca Amarillo (Cocinera); en la atención al público se recuerda a Manuel Wind y Alberto Crespín. Hay registros fotográficos de la firma cerealera en los que se observa un gran movimiento de carros, pequeños camiones, trenes y grandes cuadrillas de bolseros, que ponen de manifiesto la importancia económica para la Villa de este tipo de actividades que brindaba la posibilidad de trabajo para sus habitantes como así también a toda una gran zona de colonias agropecuarias. Hacia 1940, la firma realizó un cambio en la conducción gerencial, lo que desgraciadamente desencadenó en una quiebra ocurrida en 1941.-
La salud de Kiva había comenzado a desmejorar, lo que hizo que se trasladara hasta la Capital Federal para recibir una mejor atención. Su deceso se produjo allí, el 7 de octubre de 1948.
Una calle del Barrio Pueblo Nuevo lleva su nombre, un merecido homenaje para quien realizó en su tiempo, aportes de significativa importancia para el crecimiento institucional y
económico de nuestra comunidad.

domingo, 2 de agosto de 2020

Tiempos de molinos rurales.

Tiempos de molinos rurales.

Cuando las colonias trigueras comenzaron a florecer por estos pagos, se vivían tiempos de
esperanza y se tejían sueños. La solidaridad entre los colonos tenía destacados actos de ayuda mutua. Desde el préstamo de máquinas y equipos entre vecinos, hasta el envío de todos los hijos en edad de trabajar, a ayudar en la trilla al vecino. Ese trabajo y esfuerzo compartido hizo que estos esforzados colonos comenzaran a crecer económicamente. A muchos, la situación les permitió adquirir nuevas tierras, pero a otros les hizo despertar los sueños de traer a esas colonias los desarrollos que se estaban logrando en los pueblos vecinos.
Lo molinos harineros que industrializaban el trigo que se producía en la comarca fueron
floreciendo. En Nogoyá hicieron lo propio los molinos “San Juan” de los Mihura, el de los
Quinodoz y el de los Rivara, En Lucas González el de Negri, mientras que la colonia “La Llave” se comenzaba a amasar la idea de contar con uno, instalado allí mismo. Don José Furno fue quien hizo posible esa idea, muy resuelto organizó un viaje, junto a uno de sus hijos, a Buenos Aires, llevaba consigo un envuelto en diarios, conteniendo la ropa para el viaje y un misterioso contenedor de yerba, que en ese tiempo estaba formado como una especie de tambor, con discos de madera en sus extremos y con una gruesa lona como de encerado en sus paredes. En este tipo de envases se vendía la yerba de cinco kilos por gruesa, como se le llamaba. Una vez llegado, se apersonó en una fábrica que producía y vendía molinos, haciéndole conocer a el vendedor cual era el motivo de su presencia. Uno de los empleados, un porteño sobrador, viendo la traza del cliente le preguntó: ¿Ustedes quieren uno para dos bolsas diarias?, no señor, le contestó don José, -¿Alguno para diez?, - no señor,  -¿alguno para veinte, treinta o cincuenta?.. -Sí, eso es lo que yo
quiero. –Bueno, vamos a esperar que venga su patrón para hacer el negocio…comentó el
empleado. ¡Que patrón ni que patrón, aquí el patrón soy yo!, fue la respuesta, y descociendo el tamborcito, lo volcó en el suelo diciendo: ¡Acá están los chicharrones y si falta, tengo más
chicharrones en mi casa!. Envueltos en un gran asombro vieron caer monedas y billetes de pesos fuertes. “Pero señor ¿cómo hace esto?, tráigalos a la caja fuerte, por favor”, y acomodándolos contaron diez mil pesos. Así fue como don José compró su molino, el que llegó a Lucas González en tren, en acondicionados bultos muy bien embalados, en cajones con fuerte sunchos. El traslado posterior hasta “La Llave” fue tarea de los carros, dónde posteriormente se instaló el legendario Molino de Furno. Simultáneamente, don José, compró una cancha de pelota vasca que había en el lugar para instalar una panadería. Cuando la estaba cerrando para hacer la cuadra y colocar allí todos los enseres, se cuenta que pasó un paisano comentando: -“Pero si será bruto este gringo, cerrar una cancha de paleta para poner una panadería… ¡pero si galleta hay en todos los bolichos!
(Rescatado de la tradición oral del pago)