Molino Harinero
Central Entrerriano
Ni siquiera nos habíamos
instituido como Villa, eran tiempos en los que estaba todo por hacer. Las manos
gringas eran todo su capital, así se comenzaron muchos de los emprendimientos
que fueron conformando la espina dorsal de lo que fue después Lucas González,
del sueño de esos inmigrantes de establecer sus familias en un marco de paz y
de trabajo. Inmigrantes, los hubo de muchas nacionalidades, pero sin dudas que
fue la sangre italiana quien dio sus primeros pasos y se fundamentó en su fe.
Una de las historias más potentes, pero para muchos desconocida fue la de la
familia de Don Gaetano Negri. Un italiano proveniente del norte, de Pavía, de
tradición harinera, consiguió iniciar su clara huella, como empleado del molino
harinero y fábrica de fideos de Don Santos Oberti, en Victoria. Trabajaba junto
a su hijo Santiago Natalio de 12 años, quien fuera más tarde el personaje
central de este relato.
Poco a poco, Don Gaetano vio la
posibilidad de construir su propio molino, y fue en Lucas González que pudo
coronar su sueño. Recibió la ayuda inicial de los curas benedictinos, con
quienes había cosechado una buena amistad, y fue así que instaló un “molino de
piedra”, como se llamaban a aquellos primitivos, que sin embargo lograban
producir alrededor de 200 bolsas de harina diarias. La mayoría de los
habitantes del pago, allá por 1896 eran colonos. Sus carros traían su trigo y
volvían con harina para alimentar a sus numerosas familias. Fue así que comenzó
la leyenda de lo que se llamó “Molino Central Entrerriano”, pero que para la
gente fue el “Molino de Negri”.
El molino fue el motivo principal del desarrollo del pueblo, por aquellos años. Una auténtica vocación y una disposición emprendedora hizo de este emprendimiento, la médula central del desarrollo evolutivo de esta comunidad.
Viendo en sus hijos la esperanza en la continuidad de sus sueños molineros, hacia 1898 expandió su industria harinera instalando también un molino en la ciudad de Concordia, similar al de Lucas González, pero de mayor capacidad de producción.
A la muerte de Don Gaetano, se
hace cargo de la empresa su hijo mayor, Don Santiago Natalio Negri, en el año
1919. Su trabajo, junto a sus hermanos Francisco y Emilio, hizo perfeccionar la
industrialización de la harina de sus molinos, a través de la modernización de
sus líneas de producción. Sus productos se abrieron a los exigentes mercados
internacionales, hacia dónde se exportaba gran parte de su producción. España,
Alemania y Brasil fueron sus principales comparadores.
Su actividad emprendedora hizo que
se llevara adelante una colonización de 1000 hectáreas de trigo y lino en
Pueblo Ferrer, Estación Gral. Campos, Departamento Concordia.
Numerosos premios nacionales e
internacionales premiaron la calidad de las harinas de los dos molinos.
Una gran cantidad de empleados
trabajaban en estas productivas plantas y el río Uruguay como el ferrocarril
aportaban lo suyo para sostener un trabajo firme y en pleno crecimiento.
En 1927 y luego de un gran
incendio, el que logró controlarse milagrosamente, el molino “Central
Entrerriano” de Lucas González, pudo repararse y continuar por la senda de la
producción harinera. Cabe destacar que a la par de la fabricación de harina, se
comerciaban subproductos tales como afrecho, afrechillo, trigo pisado, acemite
y otros.
A la muerte de Don Santiago, su
esposa Catalina Bonzi, conforma una sociedad junto a sus hijos Andrés José,
Juan Cayetano y Pedro Pablo.
Juan Cayetano Negri fue un activo
integrante de la comunidad Luquense, destacándose en la comisión que regía los
destinos del Círculo Católico de Obreros y como político ocupo funciones como
concejal, presidente municipal y diputado suplente. Falleció en 1951, a la edad
de 40 años, lo que causo un gran dolor en el seno de su familia y de toda la
comunidad.
Hacia 1953, en medio de una
situación poco propicia, tanto económica como comercial, hizo imposible a la
familia continuar con la actividad y decidieron vender su molino, el que fue
comprado por una empresa del Chaco. La instalación en Nogoyá del Molino Río de
la Plata se había convertido en un competidor imposible de enfrentar, debido a
que utilizaba en sus grandes instalaciones los más modernos equipos de
producción. En los libros contables de la empresa además figuraban números
deudores con deudas documentadas por montos muy importantes, pero doña Catalina
y sus hijos decidieron no llevar adelante la ejecución de ninguno de esos
documentos, ni inhibir a sus deudores, poniendo de manifiesto por delante de
las necesidades económicas a sus humanitarios sentimientos.
Tiempo después, en conjunto con
otras tradicionales familias luquenses se asociaban para integrar la sociedad
comercial a la que llamaría “La Industrial Luquense S.R.L.” con el fin de
industrializar a la semilla de lino, en la producción de aceite y pellets. A la
sociedad la conformaron las familias Negri, Guaita, Galizzi, Surraco y Astori.
Apagados los ruidos del molino,
había quedado como un obelisco al trabajo, el emplazamiento de la chimenea de
la caldera del molino “Central Entrerriano” y que fuera como una postal
Luquense hasta que, en la tarde del 23 de julio de 1976, un rayo causó daños
irreparables en su estructura, lo que aconsejó la demolición de la misma. Este
hecho se produjo en la triste mañana del 28 de julio de ese año. Así se apagaba
lo que, a principios del siglo XX, fuera la genuina expresión de la voluntad de
una familia de poner un mojón firme en el crecimiento de lo que hoy es nuestra
comunidad.

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