lunes, 3 de agosto de 2020

Duende Perdido

Duende perdido

Nuestras calles extrañan sus pasos y el golpecito de su pulido bastón, porque fue el duende de todos, para los grandes la posibilidad de que les representara la solapa y así hacer que sus gurises buscaran la siesta, para los gurises, además de un gran misterio que emanaba de su figura sin tiempo, la oportunidad de hacer florecer la solidaridad al ofrecerle algo para comer.
Así “Panchita” anduvo por el tiempo de Lucas González, con todo el tiempo del mundo debajo de su tapado negro, acompañando su canturreo manso y tarareado o su rezongo inteligible, explicando una vieja tarea interior, que de vez en cuando buscaba la luz. Y así las mañanas y las tardes, las heladas, las lluvias y las siestas luquenses fueron transitadas por su figura misteriosa, interpretada por la gente de diversas maneras, pero todas ellas abordadas por algún sentimiento, de los buenos y por qué no de aquellos que conviven con una gran culpa colectiva.
Para muchos fue la suerte de salvarse jugando una quiniela al aposta al número que
“Panchita” le aconsejara; para otros la oportunidad de un diálogo al paso como forma de
alimentar una sonrisa, o la oportunidad de expresarle esa solidaridad que deja en paz el
espíritu.
Dividía el tiempo a su antojo, al igual que a su camino, se inventaba calles nunca imaginadas y paradas que solo ella se podía explicar, se reía del frío y del barro pisoteándolos descalza a su antojo y de pronto una espontánea carcajada, como divirtiéndose de sus ocurrencias.
Para su vieja libreta cívica fue Francisca Giménez, para todos “Pancha” o “Panchita”, a la que
hoy extrañamos, ya que como sumándose a otras de sus travesuras, un día se nos fue a
inventar senderos de nubes, y nos ha dejado en el archivo de los ruidos el tintineo de sus
monedas a la hora de contarlas y su recuerdo, que para muchos nos hace abrigar la esperanza de encontrarla en una calle cualquiera, al doblar alguna esquina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario