Bolseros
Cuando por huellas de acero se transportaba el esfuerzo, el sudor y la esperanza de
nuestros colonos, forrados con bolsas de arpillera, por Lucas González se supo de una raza de hombres rudos, curtidos de casullo, pero con la nobleza de su sangre paisana recorriendo sus venas en apurado pulso que empujaba el cansancio demorado de cada jornada.
Bolseros se los llamó, y así escribieron su historia, nuestra historia escrita por tantos sin nombre, pero que a través de su gesta diaria, apuntalaron el crecimiento de nuestra zona linera. Los hubo en las chacras y en las viejas estaciones del ferrocarril, con sus hombros siempre dispuestos a hacer crecer las estibas de los galpones, o desde allí cargar prolijamente los interminables vagones, siempre ávidos de ajustadas bolsas. Era tal la baquía para caminar por sobre los tablones que hacían de puente entre los depósitos y los vagones, que daba la impresión de que se trataba de una jocosa competencia sin árbitro y sin premio; lo mismo sucedía cuando se recibía cada bolsa de mano de los pulseadores, los que a menudo no dan abasto y debían soportar las cargadas de sus compañeros de trabajo.
Para calmar la sed de aquellos días de verano, la caña con agua enfriada en caramayolas improvisadas con botellas forradas en arpillera, era el más sano remedio contra la sed compartido por los bolseros, pulseadores y patrones. La jornadas de sol a sol, inapelable juez y verdugo con látigo de sudor y falta de aire, solo aceptaba a los duros, cuyo aguante sólo se medía en trenes y no en bolsas.
Un sapucay multiplicado en sus resecas gargantas, saludaba la entrada o la salida de un nuevo tren, como quien agradece a la bendición del trabajo de cada día, que permite que el pan no falte en las mesas familiares, por entonces rodeadas de muchos gurises.
Con el progreso se marcharon aquellos trenes, los vagones, los galpones llenos, las viejas balanzas y los carros. En los viejos y olvidados galpones los recuerdos se agigantan y entre ellos, en un lugar especial se acuna el de los bolseros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario