domingo, 2 de agosto de 2020

El Incendio y el milagro

El Incendio y el milagro

Eran tiempos en que la realidad se entremezclaba con el realismo mágico. Tiempos en lo que ocurrían hechos, que desde nuestra actual perspectiva nos resultan, diría que hasta increíbles. Este relato lo ubicamos en 1927, nuestro pueblo con un trazado de 36 manzanas, es decir que el desarrollo estaba ubicado de las vías del ferrocarril al norte. El pulso del pueblo lo marcaba la inmigración, las colonias y el molino harinero que funcionaba desde 1896, La Mutual Compañía de Seguros que funcionaba desde 1904 y la Usina Luz y Fuerza de Zof Hermanos. Sus calles de tierra, con hondas huellas en los días de lluvia, contaban con algunas luces en las esquinas que se movían con el viento, inventando fantasmas de sombras que se estiraban y se achicaban innumerables veces en las cortas noches. Y digo cortas por que la usina que proveía el alumbrado público, a la medianoche cortaba el suministro, envolviendo en un negro pañuelo a las calles y a las casas, hasta que el sol se apiadaba de alumbrar el nuevo día. Toda esa tranquilidad pueblerina se vio alterada en una oscura madrugada de aquel año 1927, se había desatado un furioso incendio en las instalaciones del Molino Harinero Central Entrerriano. El hecho tomó por sorpresa al sereno don Mochiutti y a don Santiago Negri y familia, las llamas se estaban devorando el producto de tantos años de luchas. En la oscuridad de la noche las llamaradas eran dantescas. Todo al parecer había comenzado en un galpón en el que se guardaban bolsa de afrechillo. Comenzaron a explotar los vidrios de las puertas y ventanas que daban al patio y al salón donde se encontraba el motor a vapor. En esos momentos tan terribles, don Santiago apela a la fe, manda corriendo a su sereno a buscar al cura José Eberlé para que venga a bendecir el fuego. El cura atinadamente hace sonar las campanas para poner el pueblo en alerta, y luego se dirige hacia el molino en llamas. Allí bendice el fuego y arroja medallas del Sagrado Corazón de Jesús, de la Virgen María y de Santa Teresita. Todo el pueblo comienza a ayudar arrojando agua provista por la usina de los Hermanos Zof, en cadenas de baldes que iban y venían. De pronto se produce la rotura de una cañería de la caldera, justo es la que proveía presión al pido de llamar a los empleados, treinta mil litros de agua caliente a presión se comenzaron a desparramar sobre la superficie incendiada y fuego se apagó en el momento justo. Si se hubiera seguido incrementando hubiera atacado bastos lugares en los que predominaba la madera de pinotea, pero que también guardaban bolsas, correas, telas de seda de los filtros, la embolsadora y también allí se encontraba la casa de familia.
En la muerte de don Santiago, se llevó en su féretro una medallita de Santa Teresita que él mismo había encontrado en el lugar del incendio, la que estaba completamente quemada.
No obstante, producido el milagro de la salvación de su fábrica, don Santiago, en
agradecimiento, donó a la iglesia San Lucas Evangelista, una estatua de Santa Teresita, la que halla ubicada en la nave lateral, cercana a la del Sagrado Corazón de Jesús.
Este relato fue rescatado de la versión que dejara escrita de puño y letra doña Margarita Negri, más conocida como “Pimpi”, hija de don Santiago.

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